PuntAPunta 2017

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Agradecemos la crónica de nuestro compañero Ramón López (formulamoto.es)

Una vez más, y van cuatro, PuntApunta ha congregado a los reos más radicales del mototurismo en España. Infiltrado como uno más, soy el recluso 740 con la misión de desvelarte esta experiencia única.

La combinación de 750 motos, 1.500 kilómetros (salida en Santander y llegada en Estepona -Málaga-, con etapas intermedias en Segovia y Ciudad Real) y un buen montón de horas a sus mandos durante tres días consecutivos componen la fórmula perfecta para todo fanático de las rutas sobre dos ruedas. Desde 2014, el PuntApunta ha constituido la referencia idónea para los ruteros más empedernidos de nuestro país. El objetivo es irresistible: atravesar de un lado a otro la Península Ibérica (2014 y 2015 de este a oeste, en 2016 de sur a norte y en 2017 de norte a sur), en principio con la misión de hermanar las aguas de sus mares correspondientes. Sin embargo, el auténtico motivo radica en colmar las ansias de vivencias con la moto como epicentro que solo se pueden redimir rodeado de otras almas gemelas a las tuyas. Llámalos como quieras: presos de sus anhelos, cautivos de nuevas experiencias… En definitiva, prisioneros de la moto en su máxima magnitud.

He tenido el privilegio de compartir durante esta edición cada curva, cada paisaje, cada pueblo y cada charla con distintos grupos de estos presidiarios motociclistas, una cofradía que componen la diversidad más extraordinaria que puedes encontrar en las carreteras que surcan nuestra piel de toro. Esta iniciativa de BMW España, abierta a participantes con motos de todas las marcas, y apoyada por marcas emblemáticas del sector de la motocicleta como Touratech, Metzeler o Repsol, constituye un evento único.
En esta ocasión te traigo el relato a bordo de una BMW K 1600 GT 2017 de dos perspectivas de abordar PuntApunta en principio diversas, pero a la postre identificadas en la hermandad de la moto con mayúsculas, todos ellos convictos y, a la vez, orgullosos de la pena que les ha tocado cumplir en sus vidas.

Los condenados a cadena perpetua
Desde la edición PuntApunta 2016, el Club Amigos de Clásicas BMW participan en este evento aportando un sabor de autenticidad de incalculable valor. Son los encargados de dar el pistoletazo de salida, algo lógico ya que son el principio de todo. Sus R 90 S, R 100 o R 80 GS, entre otras muchas reliquias, te sumergen en toda una hemorragia de nostalgia.
Estas venerables piezas de colección son mantenidas en perfecto estado de forma por sus propietarios. Muchos de ellos disfrutan también de modelos actuales, como R 1200 GS Adventure o R 1200 RT. Uno de sus integrantes me comenta: “tenía una K 1600 GT, pero luego me he decantado por una R 1200 RT porque es más manejable”. Otro miembro del Club me indica “tengo una R 1200 GS Adventure, pero no cambiaría por nada del mundo mi R 100 GS original”. La mejor expresión de los sentimientos de este grupo me la transmite uno de sus integrantes cuando observa con detenimiento mi BMW K 1600 GT Sport 2017: “Yo tengo tres clásicas de BMW, y muchas veces me he planteado venderlas y hacerme con una nueva. Pero… ¡putos hierros! Es imposible dejarlos”.
Su concepto como clásicas no implica un comportamiento dinámico “en blanco y negro”. En ocasiones, el marcador de mi K 1600 GT flirteaba con la línea de los 170 km/h, y en algunas secciones reviradas, grandes GT modernas les hacían de tapón. Pero su secreto para abordar las rutas del PuntApunta es la constancia. Siguen al pie de la letra el “road-book” y las paradas son las imprescindibles.
¡Qué plus para una marca como BMW contar con la presencia activa de miembros de este club en pleno auge de la tendencia Vintage! No es extraño que un grupo de tres participantes ingleses compartieran la última parte del recorrido de la primera jornada con este grupo de clásicas. Si hay una nación en la que se sepa valorar el componente del pasado en su medida es en Gran Bretaña. Y qué orgullo mostraban en sus rostros los integrantes del Club cuando explicaban a los foráneos el origen de sus monturas. Por cierto, en este PuntApunta 2018 han participado motoristas procedentes, además, de Francia, Alemania, Portugal, Italia, Bélgica, Andorra, Estonia, México, Países Bajos, Polonia, Uruguay y Brasil.
El éxtasis de este pasado en directo me sucedió en plena ruta compartida con el Club, cuando José Ramón Ricart me invitó a subirme a su R 90 S impoluta y original durante una parte del trazado. Al principio le mostré mis reticencias, ya que la responsabilidad de pilotar esta joya me desbordaba. Pero no puedo más que agradecer su insistencia. ¡Qué sensación! Un bóxer que empuja con fuerza y en el que saboreas hasta el último pistonazo, una manejabilidad exigente que se aleja del “piloto automático” de las motos modernas, una instrumentación con manillas que se mueven al son del traqueteo de la carretera y con dígitos analógicos para el odómetro… ¿Que para frenar hay que tirar con fuerza de la maneta, que los neumáticos son más estrechos que una 125 actual y que en reducciones se retuerce por la acción del cardan? Qué importa cuando te sientes trasladado cuatro décadas atrás a un mundo al que solo puedes acceder en un museo, ¡esta vez en marcha! Cada centímetro de asfalto lo recorrí con los pelos de mis brazos como escarpias y con la certeza de haber vivido uno de los momentos más intensos de mi vida en moto. ¡Millones de gracias, José Ramón!
Los reclusos reincidentes
Del atractivo del PuntApunta da fe la cantidad de participantes que repiten ediciones. Resulta muy difícil cumplir una única condena…
Uno de los grupos inseparables de cada una de las cuatro ediciones celebradas lo componen miembros procedentes de Madrid, Alicante y Elche. Alejandro (BMW R 1200 RS), Villar (BMW R 1200 GS Adventure), Jesús (F 700 GS) y los Luises (Yamaha FJR 1300 y BMW K 1200 GT) son el perfecto ejemplo del espíritu PuntApunta. En esta ocasión se les unió Navarro, recién estrenado su carné A2 a bordo de una BMW G 650 GS. Entre sus experiencias, viajes a Cabo Norte, a los Bálticos, España de cabo a rabo… Kilómetros y más kilómetros.

La filosofía es el disfrute al 100% de todo el entorno de una ruta como ésta, y ello implica el propio trazado, sus paisajes, la gastronomía y, sobre todo, la amistad. El “road leader” (Luís con su K 1200 GT) ejerce su función con total responsabilidad, cumpliendo con los dictados del “road-book” que entrega la organización, respetando las normas de circulación, avisando a sus compañeros con antelación de posibles incidencias… Todos asumen su función de “mamá pato” con agrado. Ya en parado, Alejandro recoge el testigo como administrador de las cuentas financieras, una labor ardua pero que acoge con confianza. Y el conjunto comparte los acuerdos del grupo en detalles como dónde comer, cuándo detenerse ante un pueblo o un paisaje con especial encanto. Esta armonía logra que los kilómetros transcurran con una fluidez asombrosa y con la garantía de que al final de la jornada aún serán mayores los deseos de comenzar de nuevo al día siguiente.
En este grupo no encontramos acompañantes en el asiento de atrás, pero la solución que me ofrece Alejandro es muy inteligente: “No venimos con las parejas, pero no se quejan, porque como siempre descubrimos sitios excepcionales, luego regresamos y todos tan contentos”.
En esta edición 2017, todos ellos apuntan a que se ha tratado del año con el recorrido más motero, repleto de curvas hasta la saciedad y con recónditos rincones que nos habrían pasado desapercibidos para la eternidad si no es gracias al PuntApunta. No obstante, reclaman un poco más de tiempo para disfrutar con más tranquilidad de la faceta turística, aún sabiendo que es un equilibrio difícil de alcanzar. En cualquier caso, ahí queda la propuesta para el PuntApunta 2018 que volverá a servir como su punto de reunión inexcusable. La V edición ya les espera.

Dos anécdotas del PuntApunta 2017
Casi dos millares de kilómetros en solo tres días dan para multitud de vivencias. En este caso te he seleccionado dos, una con cada uno de los grupos con los que he tenido el placer y el privilegio de compartir ruta durante la celebración del PuntApunta 2017.
Tras repostar en una gasolinera con el grupo de las clásicas, José Ramón Ricart se detiene en el arcén a los pocos kilómetros después de apreciar que su BMW R 90 S no va tan fina como debía. Se mira el tirador de aire y un rápido vistazo al estado exterior del motor no parece indicar nada extraño. La sensación se repite en los siguientes kilómetros. Para un análisis más profundo, aumenta el ritmo… tanto que el grupo se queda muy atrás. Pero nada, el rendimiento no es el mismo. No puede ser cuestión de la gasolina echada, ya que el resto del grupo ha repostado en la misma gasolinera sin incidencias. ¿La causa? El cable que conecta la pipa de la bujía izquierda se había desplazado unos milímetros seguramente al ser tocado en algún momento durante el reportaje. ¡Unos milímetros! La mecánica en su más pura esencia, otro atractivo incomprensible para los profanos, pero que forma parte del encanto irresistible de toda clásica.
En otra jornada, el grupo repetidor en cuatro ocasiones del Puntapunta, se pone en ruta con casi una hora de retraso. ¿La razón? Luís no encuentra las llaves de su FJR 1300 tras abandonar la habitación del hotel. En la habitación no están, en el equipo que lleva puesto tampoco, ni en las maletas… Todo se mira una y otra y otra vez. “Es cuestión de tiempo; tienen que estar aquí” le animan sus compañeros. Pero el tiempo transcurre y las esperanzas disminuyen. Cree que dispone de llave de repuesto, pero desgraciadamente se encuentra dentro del baúl, y éste se abre con la misma llave de contacto. Ya sabes la moraleja para la siguiente ocasión, Luís… las de repuesto a buen recaudo y en sitio accesible. Se plantea la solución de hacer saltar el baúl. Cuando ya se acerca un mecánico armado con destornilladores para hacer saltar la cerradura del “top case”, una enésima revisión descubre que están escondidas dentro del forro polar que vistió en la cena del día anterior. ¡Qué alivio! Como el tiempo no apremia en un evento de este tipo, unas risas y en marcha. Pero el susto no te lo quita nadie, ¿verdad, Luís?

Descubrimientos del PuntApunta 2017
Desde que comencé el primero de mis cuatro PuntApunta me gusta quedarme con una referencia de cada jornada. En este caso elijo un pueblo y dos carreteras. Te cuento.
La aldea de Tudanca, rodeada de robles y abedules, está enclavada en el Valle del Nansa, en Cantabria. Está declarada conjunto histórico-artístico nacional desde 1983, y entre sus construcciones destaca la Casona de Tudanca, a caballo entre los siglos XVII y XVIII por la que pasaron personajes ilustres de las letras de nuestro país como Unamuno, Alberti o Gerardo Diego y que contiene una fabulosa biblioteca que incluye manuscritos de Lorca y Cela. También existe una raza bovina autóctona con esta denominación. Pero lo que más atrae la atención es el entorno rural, integrado en una enorme ladera repleta de terrazas para el cultivo y surcada por cursos de agua idílicos. Más que recomendable y con el añadido de una carretera espectacular como la CA-281.

Cambiamos robles por olivos y nos trasladamos a Pozoblanco (Córdoba). Famoso por ser el pueblo donde Paquirri sufrió la cornada que acabó con su vida antes de llegar al hospital de Córdoba, merece mayor atención porque entre infinitos olivares dentro de los parajes de Los Pedroches transcurre la carretera CO-6410, un trazado enrevesado, con asfalto en buen estado y desniveles notables conforman un paraíso que solo podrás valorar en directo. El trayecto finaliza en Villaharta, tras una “jartá” de curvas de todos los colores y sabores. No te lo puedes perder. XXX km adictivos.
Ahora nos vamos a la provincia de Málaga. En todas las referencias mundiales de rutas en moto encontrarás la localidad de Ronda, pero más al sur, lejos de las rutas convencionales, busca las carreteras MA-8304 y MA-8301 en el denominado Valle del Genal. He tenido ocasión de haber recorrido incontables rutas por toda Europa y en pocas ocasiones te encontrarás con un entorno tan propicio para disfrutar de tu moto como éste. Las poblaciones de Genalguacil y Jubrique te servirán de enclaves para que tu cuerpo descanse del esfuerzo al manillar y tu alma asimile tanta maravilla natural. Las montañas cubiertas del abeto denominado pinsapo, de hasta 30 m de altura, te dejan fascinado. La MA-8301 finaliza en Estepona, punto de llegada del PuntApunta 2017, una eternidad de curvas que desemboca ya en el Mediterráneo. Lo mejor de la montaña y lo mejor del mar. ¿Qué más se puede pedir?
0 accidentes en la historia del PuntApunta
Para ser consciente de la relevancia de un evento como el PuntApunta, destacar que las 750 plazas convocadas en 2017 se cubrieron en tan solo 9 horas. Pero hay un resultado que es absolutamente extraordinario de cara a la proyección de la moto hacia fuera de nuestro entorno: en ninguna de las cuatro ediciones se ha producido ningún accidente grave. El paralelismo “moto-kilómetros-accidentes” que muchos quieren convertir en axioma queda así derribado.
La razón es que la absoluta mayoría de los usuarios que disfrutan la moto sumando kilómetros y kilómetros son conscientes de sus acciones, personas que disfrutan de experiencias con la ambición de reunirse en el punto de destino para compartir vivencias. Verdaderos reclusos de la “cárcel de la moto”, en este caso, presos de una visión de la vida que les aparta del resto de una sociedad prisionera en una “cárcel del miedo” injustificada.

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Tags: 2017, eventos, rutas

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